RESULTADOS DE LAS GUERRAS DEL MEDITERRANEO

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RESULTADOS DE LAS GUERRAS DEL MEDITERRANEO

Mensaje por diegorg » Sab Mar 24, 2012 5:54 pm

este post es para poner los resultados de las batallas, y las respuestas a este post solo seran para el relato y localizacion de las batallas

no olvideis de apuntar el despliegue inicial de la batalla,asi como el numero de las tropas, con la siguiente equivalecia:

1 base de infanteria pesada 250 hombres
1 base de infanteria media 180 hombres
1 base de infanteria ligera 60 hombres
1 base de caballeria 125 hombres
1 base de caballeria ligera 75 hombres
1 base de carros 25 carros
1 base de elefantes 5 elefantes

RESULTADOS

Sergio Rubio (romanos) 1 victoria,1 empate , 1 derrota(ejercitos que le quedan = 2)

Diego Romero (galos) 1 derrota,1 victoria (ejercitos que le quedan =2)

Ramon (cartagineses) 2 derrotas (ejercitos que le quedan =1)

Jose Dolpin (romanos) 1 empate (ejercitos que le quedan =3)

Miguel culebras 1 victoria ( macedonia) (ejercitos que le quedan =3)

Borja (seleucidas) 1 victoria (ejercitos que le quedan =3)

Antonio Perez (romanos) 1 derrota (ejercitos que le quedan =2)
Última edición por diegorg el Mar May 15, 2012 10:22 pm, editado 3 veces en total.
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Re: RESULTADOS DE LAS GUERRAS DEL MEDITERRANEO

Mensaje por Catedrático » Dom Mar 25, 2012 9:16 pm

La batalla de Aemilia

Una gran confederación de tribus galas unidas por el poderoso caudillo Dieguix había cruzado los Alpes y traído la destrucción a la Galia Cisalpina. Tras saquear y matar por doquier se encaminaron hacia el sur, con la intención de profanar la ciudad eterna. Ante esta amenaza el emperador llamó a sus legiones a la guerra y confió el mando de estas a su leal sobrino Cayo Junio Catedraticus, sabiendo que la traición acechaba en los corazones de otros generales más famosos. El nuevo legado se encaminó hacia el norte, encontrándose con los galos esperándolos en la agrícola región de Aemilia.

Se habían posicionado en una gran llanura, con campos dedicados al cultivo a ambos lados. Su ejército estaba compuesto por 300 carros de guerra que se extendían a lo largo de la llanura. A su derecha la caballería gala, unos 1000 jinetes pesados y 300 jinetes ligeros, y los renombrados soldurii, 1500 hombres de infantería pesada de élite. Se distinguía un grupo de 1440 aliados íberos que cubría el terreno agrícola en su flanco derecho y cuidando ambos extremos del ejército formaban dos grandes grupos de galos de 3000 hombres cada uno formados en compactas filas. 900 infantes ligeros completaban la horda bárbara de casi 12000 hombres.

Opuestos a ellos 9720 hombres leales a Roma. Los 4500 legionarios del emperador, divididos en tres grupos de 1500 hombres cada uno, formaron una gran línea cubriendo el centro del campo de batalla, apoyados en ambos flancos por 1440 arqueros y 600 jinetes ligeros y con sus 1440 auxilia cubriendo su flanco derecho, con 500 jinetes romanos haciendo lo propio en el izquierdo. 240 honderos y 1000 caballeros pesados sármatas aliados en reserva completaban las legiones.

A mediodía, tras realizar los oportunos sacrificios a Júpiter, el legado dio orden de avanzar. Las legiones avanzaron cerrando sus filas y se encararon con los carros galos y los soldurii, mientras que los caballeros sármatas maniobraban para apoyarles. Se produjeron los primeros enfrentamientos entre las tropas ligeras. Tras diversas maniobras la caballería ligera romana, malinterpretando las ordenes de su general, estuvo a punto de desordenar el avance de las legiones, pero finalmente no ocurrió nada.

Los carros galos se pasearon insolentes ante las legiones creyendo poder escapar de su justa cólera, pero la indisciplina gala y la bendición de Mercurio hizo que algunos carros fueran alcanzados por ellas aunque finalmente lograran escabullirse. Otras veces cargaban contra los legionarios pero no podían romper su muro de escudos y siempre terminaban retrocediendo. Las legiones seguían avanzando mientras los caballeros sármatas se encaraban a los jinetes galos, que rehuían el enfrentamiento.

Entonces se adelantaron los soldurii, dispuestos a enfrentarse con el primer grupo legionario. Hombres enormes cubiertos de hierro, curtidos en innumerables combates, lo mejor de las tribus galas. Con un aullido escalofriante cargaron contra las legiones y ni las flechas ni los pilum parecían detenerlos. Su ferocidad desordenó las filas de los legionarios y por un momento pareció que iban a triunfar, pero los ciudadanos de Roma recordaron su deber y no desfallecieron, sino que siguieron combatiendo.

Mientras tanto, el propio caudillo galo y varios de sus jefes reordenaron las filas de los carros y los posicionaron con la intención de romper el grupo central de legionarios, mientras otro grupo más pequeño de carros mantenía ocupado al grupo de la derecha, acercándose a ellos con la intención de rehuir el combate. Pero un grupo de arqueros a caballo romano había logrado atravesar las líneas enemigas y se posicionó a su retaguardia, impidiéndoles la huida. Los legionarios y los jinetes ligeros cargaron contra los carros y empezaron a destrozarlos hasta que finalmente rompieron sus líneas y les desbandaron.

Con un rugido atronador los 200 carros galos dirigidos por su caudillo cargaron furiosamente contra el centro de nuestro ejército y se estrellaron contra la muralla de hierro de nuestras legiones. Los carros no pudieron hacer mella en ella, mientras que nuestros hombres mataban a sus caballos para a continuación hacer lo propio con sus conductores. Finalmente Dieguix dio orden de retroceder y poner distancia entre ellos y estos temibles hombres.

Mientras tanto bajo la luz del mortecino sol de la tarde proseguía el combate entre soldurii y legionarios. Estos reorganizaron sus filas y comenzaron a hacer valer su disciplina. Las duras lecciones de esgrima impartidas por sus sádicos instructores daban ahora sus frutos y a golpe de gladius los legionarios iban acabando uno tras otro con sus enemigos, abriendo sus vientres y esparciendo sus intestinos por el suelo. A pesar de las terribles bajas los soldurii no retrocedían ni parecían desfallecer, hasta que finalmente fueron demasiado pocos para resistir y acabaron arrollados por las legiones.

Con la caída de la noche se interrumpieron los combates y el ejército se retiró a su campamento. Al amanecer salieron con el ánimo alto dispuestos a entablar batalla para descubrir que no había ni rastro del enemigo. Encontraron su campamento abandonado y con muchos galos muertos violentamente. Sin duda los malos resultados del día anterior habían puesto nerviosos a los galos y habían hecho aflorar sus antiguas rivalidades y odios, rompiendo su unión y sumando nuevos odios a los antiguos. Se retiraron de vuelta a la Galia y comenzaron nuevas guerras entre ellos que les debilitarían aún más.

¡Alabado sea Júpiter!

¡Roma Victrix!
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Re: RESULTADOS DE LAS GUERRAS DEL MEDITERRANEO

Mensaje por DolpinTamroth » Jue Mar 29, 2012 10:58 am

Mapa de la campaña con las partidas tal y como están a 15 de Mayo, pongo enlace para verlo en grande -> http://dolpin.netne.net/Mapa_Campana2.png

Saludos

Dolpin

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Leyenda

1- La batalla de Aemilia: Catedráticus (romanos) - Diegorg (galos), XXIV-III-MMXII Victoria Romana
2- La batalla de Tarentum: empate entre las tropas Romanas de Catedráticus y los rebeldes Romanos de Dolpinión, XV-IV-MMXII Empate
3- La batalla de Sordones: Diegorg (galos) - Ramón (cartagineses). XXII-IV-MMXII Victoria Gala
4- La batalla de Cannas: Catedráticus (romanos) - Ramón (cartagineses). II-V-MMXII Victoria Romana
5- La batalla de Magnesia: Borja (seleucida) - Catedráticus (romanos). XIV-V-MMXII Victoria Seleucida
6- La batalla de Pidna: Culebras (macedonios) - Toño (romanos). XIV-V-MMXII Victoria Macedónica
Última edición por DolpinTamroth el Mié May 16, 2012 8:24 am, editado 4 veces en total.
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Re: RESULTADOS DE LAS GUERRAS DEL MEDITERRANEO

Mensaje por DolpinTamroth » Jue Abr 19, 2012 7:28 pm

Los traidores de Roma

ROMA (en fecha incierta)

El senado de Roma estaba en absoluta ebullición, el auto nombrado emperador y su sobrino Cayo Junio Catedráticus, gritaban: Orden, orden !!!

¿Mensajero puedes repetir las últimas noticias? - ordenó el Emperador.

Un ejército, capitaneado por el general Publio Cornelio Dolpinión se ha sublevado en el sur de la península, sus tropas se encuentran acantonadas cerca de Tarentum.

¿Cual es el motivo de esta sublevación? - preguntó Catedráticus

Mmmm - el mensajero dudaba si continuar su relato - Dolpinión reclama que el poder debe ser devuelto al Senado, al pueblo de Roma, reclama que la figura del emperador, ... Debe ser abolida ...

El murmullo se convirtió en un torrente de opiniones encontradas y todo el senado se puso en pié, gritos de traidor y comentarios en baja voz sobre la valentía del general sureño, se sucedían por todos los escaños.

Catedráticus, levantó la voz para hacerse oír entre el ruido general  - Estimados senadores,  ¿Hay alguno entre vosotros que dude de la necesidad y benevolencia de nuestro amado Emperador? ¿Hay alguno entre vosotros que no se de cuenta de la necesidad de tener a alguien con el talante y fuerza de mando que tiene nuestro querido Emperador al frente de nuestro Imperio ? - silencio sepulcral - Yo Catedráticus solicito el comando de tres legiones con sus tropas auxiliares para ir hacia el sur y demostrar a esos traidores el poder del emperador...

Cerca de Tarentum (dos meses después)

Las tropas de Catedráticus se encontraban desplegadas entre las tierras de labranza de Tarentum, casi 10.000 hombres leales al emperador, formadas de la siguiente forma:

Los 4500 legionarios del Emperador, divididos en tres grupos de 1500 hombres cada uno, formaron una gran línea cubriendo el centro del campo de batalla. Apoyados en el flanco derecho  por 1440 arqueros, 240 honderos y 1000 caballeros pesados sármatas aliados, así como 1440 auxilia. En el flanco izquierdo 600 jinetes ligeros y 500 jinetes romanos.

En frente el ejército de Dolpinión de dimensiones similares, también con tres legiones formadas por 5500 legionarios veteranos de la campaña de Africa que ocupaban el centro de la formación. En el flanco derecho 500 jinetes romanos, junto con 300 equites sagitarii y 1440 arqueros. En el flanco izquierdo 500 catafractarii, 2160 auxilia,  240 arqueros aliados y un grupo de 360 honderos.

Los primeros movimientos de tropas fueron por parte del ejército imperial, avanzando todas sus líneas, adelantando ligeramente la caballería Sármata. Por el flanco derecho de Dolpinión, los arqueros paraban las incursiones de la caballería ligera imperial, mandando en retirada a una de sus formaciones. En el flanco izquierdo la caballería Sármata se chocaba contra los catafractarii y una de las legiones, cayendo el general Sármata en la refriega, hecho que afectó a la moral de los aliados imperiales. Pero las legiones imperiales habían maniobrado y dos de ellas se encontraron frente a una de las legiones rebeldes, la batalla aunque había comenzado decantándose del lado rebelde, se encontraba completamente abierta... Pero Marte no quería decantar la balanza a favor de ninguno de los generales aquel día y unos oscuros nubarrones, empezaron a descargar toda su ira sobre ambos ejércitos, haciendo un barrizal del campo de batalla...

Dolpinión mandó a sus tropas retirarse, mientras veía a sus enemigos hacer lo mismo, llevándose los Sármatas en una improvisada camilla a su general muerto...

La guerra civil había dado comienzo.

Muerte al Emperador !!!!
Última edición por DolpinTamroth el Lun May 21, 2012 12:32 pm, editado 1 vez en total.
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Re: RESULTADOS DE LAS GUERRAS DEL MEDITERRANEO

Mensaje por diegorg » Dom Abr 22, 2012 6:17 pm

En la Gallia Narbonensis, que conectaba Italia con Hispania, se celebro la batallas de Sordones, en el año 219 A.c. el conquistador Anibal, conducia sus ejercito a traves de los pirineos llevando la guerra al suelo Romano, lo que no sabia era que en su trayecto conoceria la ferocidad de las tribus galas, entre ellas se encontraban los senones con su lider Diegorcitorix ,quien contaba con la ayuda de una tribu hispana procedente de sagunto.

en la region de sordones , cerca de la actual ciudad de perpiñan el ejercito de Anibal recibio su piedra en el camino mas considerable,la conocida batalla de la sorpresa.

el ejercito cartagines con sus tropas de mercenarios galos,mercenarios hispanos y sus infantes libios desplegaron de forma tradcional en la llanura , en su flanco izquierdo la caballeria numida 6000 de ellos con unos 200 elefantes, en su centro la infanteria pesada 40000 libios deseosos de sangre y en su derecha la caballeria mercenaria gala 12000 y los mercenarios hispanos 14000, en total casi 60000 guerreros, que se enfrentarian a los 12000 galos que se dispusieron con los bravos soldurii en el centro flanqueados por los carros de los nobles y apoyados por las dongrandes formaciones de guerreros en las que dividio su ejercito el general galo,en el extremo izquierdo de su despliegue los aliados iberos apoyarian el ataque contra los mercenarios.

la batalla comenzo temprano, primero escaramuzas entre las tropas ligeras, que dieron paso al enfrentamiento entre cabalerias y carros de los dos bandos, estos enfrentamientos fueron feroces y no tubieron un ganador claro , hasta que entraron en accion los soldurii, con un ataque rapido exterminaron a los mercenarios hispanos de Anibal y abrieron el hueco necesario para la victoria, unicamente Anibal podia resistir en empuje galo y sus lanceros no solo mantenian la posicion, sino que avanzaban veloz mente hacia el campamento galo, pero con un alarde de velocidad los nobles conduciendo velozmente sus carron dieron alcance a la caballeria numida, hecho que hizo perder el flanco izquierdo al punico y a la vez su campamento, forzando la retirada de Anibal y viendose forzado a firmar una tregua con las belicosas tribus galas
Adjuntos
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Re: RESULTADOS DE LAS GUERRAS DEL MEDITERRANEO

Mensaje por Catedrático » Jue May 03, 2012 12:56 am

La batalla de Cannas

Tras su infructuoso intento de invadir la península italiana por el norte a través de los Alpes el general cartaginés Aníbal decidió utilizar una ruta alternativa. Mediante una complicada operación consiguió desembarcar todo su ejército donde los romanos no lo esperarían, en la costa oriental de Italia, para desde allí marchar contra Roma.

Pero los dioses decretaron que se encontrase en su camino el general Cayo Junio Catedraticus, que dirigía a sus legiones hacia el sur para enfrentarse a los rebeldes acantonados en Tarentum. Aníbal decidió presentarle batalla cerca de la fortaleza de Cannas.

Aníbal había reunido un ejército muy variopinto, compuesto por tropas de muchos pueblos. 720 infantes ligeros de Numidia e Hispania ocupaban posiciones adelantadas, además de 360 de los renombrados honderos baleares. Tras ellos se vislumbraba una gran línea central de 4000 hombres, compuesta por 3000 lanceros veteranos púnicos y 1000 aliados latinos de la Campania reclutados por Aníbal, todos bien armados y equipados. Su flanco derecho estaba resguardado por 1440 scutarii íberos y en reserva se encontraban 10 elefantes de guerra traídos del Atlas africano. Aníbal desplego toda su caballería en su flanco izquierdo: 500 jinetes libio-fenicios bien pertrechados y 750 jinetes hispanos, todos expertos jinetes, apoyados por 600 jinetes ligeros númidas e hispanos. 8370 hombres en total.

El general Catedraticus decidió oponer a la gran línea cartaginesa el empuje de sus legiones, desplegando a sus 4500 legionarios formando una alargada línea en su centro, apoyados en su extremo izquierdo por 1440 infantes auxiliares y 300 jinetes ligeros y en su derecho por 720 arqueros auxiliares. Detrás del extremo izquierdo de sus líneas había posicionado a 750 caballeros sármatas aliados. Frente a la caballería cartaginesa desplegó a otros 500 caballeros sármatas y 500 jinetes romanos, apoyados por 300 jinetes ligeros. 480 honderos completaban el ejército romano de 9490 hombres.

Ambos ejércitos avanzaron y comenzó el lanzamiento de proyectiles por parte de sus hostigadores. Los honderos baleares demostraron su merecida fama al desorganizar junto a los jabalineros hispanos el extremo derecho de las legiones, pero la profesionalidad de los tribunos romanos se impuso y recompusieron sus filas.

Las tropas auxiliares y jinetes ligeros del flanco izquierdo romano se adelantaron al resto de las tropas para enfrentarse a los scutarii iberos. Las legiones comprimieron sus filas y por el hueco creado vieron que se les unían los jinetes sármatas dirigidos por el comandante aliado, dispuestos a aplastar el flanco izquierdo cartaginés.

Mientras tanto, en el flanco derecho, el tribuno al mando de la caballería romana vio que Aníbal en persona comandaba a los jinetes libio-fenicios y cargó contra ellos. Los caballeros sármatas que les acompañaban, al ver cargar a sus aliados, decidieron no quedarse atrás e impulsivamente cargaron a través de las tropas de honderos que tenían en su trayectoria, que se apartaron como pudieron, y acabaron finalmente chocando contra ambas caballerías, los libio-fenicios y los hispanos. Se organizó una tremenda melee entre todas las caballerías sin un ganador claro.

Los comandantes cartagineses ante la superioridad romana en su flanco derecho lo dieron por perdido y ordenaron que sus elefantes apoyaran a la línea central. Las tropas del flanco izquierdo romano vieron como los guerreros iberos se quedaban solos frente a ellos. Estos, conscientes de su situación, encomendaron sus almas a sus dioses y con los dientes apretados se dispusieron a enfrentarse a sus numerosos enemigos. Recibieron la carga de la caballería pesada sármata y de los auxiliares romanos por el frente y de los arqueros a caballo que les habían rodeado por la espalda. Y resistieron. Aún cuando morían por cientos se negaban tercamente a retroceder, con un valor rayando en la locura.

Las líneas centrales ya casi se tocaban. Los cartagineses ordenaron que sus elefantes girasen para encarar a las legiones romanas, pero las tozudas bestias se negaron a seguir las órdenes de sus conductores y continuaron avanzando en dirección a ninguna parte.

Los arqueros auxiliares romanos tras expulsar a los hostigadores que acosaban a sus legiones vieron su oportunidad y se unieron al combate de caballerías del flanco derecho chocando contra el flanco de los jinetes hispanos y desbaratando sus líneas. Todo estaba por decidir.

Las dos líneas centrales al fin se encontraron. Los lanceros púnicos levantaron un muro de lanzas para recibir a sus enemigos mientras que los campanios se preparaban para la embestida. Perfectamente sincronizados, los legionarios lanzaron dos terribles salvas de pila que atravesaron a los hombres de las primeras filas y a continuación con un rugido cargaron contra ellos. Golpearon las filas púnicas como el trueno de Júpiter, destrozando el centro de la línea cartaginesa, que se vio obligado a retroceder. Los campanios sufrieron terribles pérdidas mientras que el pánico se apoderó de los pocos lanceros que todavía mantenían el orden cuando los legionarios desbarataron sus líneas a golpe de gladius.

Finalmente los lanceros no pudieron resistir por más tiempo y huyeron, al mismo tiempo que los campanios, demasiado pocos para contener a las legiones, eran exterminados. Los victoriosos legionarios se lanzaron en persecución de los lanceros y los acuchillaron implacablemente, sin cuartel. El centro cartaginés había desaparecido.

Mientras todo esto pasaba el combate contra los íberos del flanco izquierdo continuaba. Rodeados de enemigos, sus filas desechas y diezmadas, estos valerosos hombres se negaban a retroceder y siguieron combatiendo a pesar de todo, hasta que finalmente fueron demasiado pocos para resistir y cayeron. El flanco izquierdo también era para Roma.

En el combate de caballerías y arqueros del flanco derecho nuestras tropas consiguieron acabar con el comandante de la caballería hispana. Los hispanos ante esto emprendieron una desordenada huida perseguidos por los arqueros auxiliares, que mataban a sus caballos para a continuación hacer lo propio con sus jinetes.

Solo Aníbal y su caballería continuaban combatiendo. Este no tuvo más remedio que ordenar la retirada e intentar salvar a las pocas tropas que le quedaban. Puede que el ejército cartaginés hubiera sido prácticamente aniquilado, pero mientras siguiera vivo la lucha no terminaría.

Con un alarido que se elevó a los cielos las tropas romanas proclamaron su triunfo, dando las gracias a los dioses y a su general. El día había sido glorioso. Cannas sería por siempre recordada como una gran victoria para Roma.

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Re: RESULTADOS DE LAS GUERRAS DEL MEDITERRANEO

Mensaje por Borja » Lun May 14, 2012 5:22 pm

CATEDRÁTICUS EN ASIA; LA BATALLA DE MAGNESIA
La primavera del año de la XXVIII Olimpíada de Londinium, quedaban pocas dudas de que sería imposible la paz entre Roma y el Imperio Seléucida.

Como en otras ocasiones en su historia, Roma intentaba aprovechar la debilidad de las naciones de Grecia para conquistar la más noble y antigua de las civilizaciones de Europa.

Invocando a los orígenes aqueos de los pueblos latinos y la grave situación en la que se encontraba la liga aquea en su guerra con Macedonia, los romanos se aliaron a los primeros y declararon la guerra a Macedonia.
Desde sus primeros orígenes, Roma se ha desarrollado sobre la base de la guerra y al saqueo de todos los pueblos vecinos.
Los vagabundos, los desheredados y los expulsados de ciudades cercanas, encontraron en las puertas abiertas que ofrecía Roma una salida a su propia situación desesperada. Así se forjó la ciudad más violenta e incivilizada de todas las ciudades de Europa. Ni si quiera la propia Roma se libraba de su corrupta condición violenta y el poder no se ostentaba por la realeza o la aristocracia, sino por la sangre y fuego de las guerras civiles.
Roma se disponía una vez más a levantar su espada contra un pueblo inocente.

Antíoco III “Borja”, decidió no quedarse parado ante esta situación y aceptó como consejero de los ejércitos del Imperio al más famoso de los generales, a Aníbal el púnico.

Roma no podía soportar esta afrenta y decidió enviar a uno de sus mejores generales, el general Catedráticus, a invadir Asia.

Catedráticus intentó buscar un campo de batalla cerrado, confiando en que sus legiones serían imbatibles en el cuerpo a cuerpo, pero Antíoco “Borja” se le adelantó y dispuso a su ejército en las planicies de Magnesia, cerca de la costa Lydia.
Los augurios habían sido nefastos, pues los buitres pasaron de largo y no quisieron probar las tripas del borrego sacrificado por Catedráticus

Antíoco había reclutado un gran ejército de 12860 hombres, con las siguientes tropas
1560 tropas ligeras, con una unidad de arqueros cretenses, una de jabalineros y 2 de honderos recién reclutados para la campaña
1440 Arqueros en formación semicerrada, también reclutados para la campaña
6000 hombres destacados en 3 falanges
2000 de nuestros mejores hombres, denominados Argyraspides, armados y entrenados de igual manera que las legiones romanas
1000 catafractos fuertemente acorazados y 760 de caballería media y ligera
100 Carros Escitas, armados con guadañas en los radios

Por su parte Catedráticus contaba con un ejército de 10520 hombres,
5500 compuestos por 3 legiones
1440 auxiliares y 1080 arqueros auxiliares
500 Catafractos y otros 500 de caballería romana y 780 equites sagitarii y caballería ligera
720 hostigadores honderos recién reclutados y de poca disciplina

Los romanos desplegaron sus tres legiones en el centro, apoyadas por los catafractos y la caballería. En su flanco derecho desplegaron a los arqueros auxiliares y los équites sagitarii, mientras que en su flanco izquierdo desplegaron a los auxiliares , los honderos y el resto de la caballería ligera.
Su plan consistía en contener los flancos con sus tropas ligeras y derrotar el centro de Antíoco. Al mismo tiempo, Catedráticus pretendía utilizar sus auxiliares para destrozar a los arqueros en formación semicerrada que Antíoco había desplegado en un campo de cultivo a su derecha.

Antíoco, por su parte, desplegó su ejército de la siguiente manera:
En el centro dispuso a sus carros falcados, con la intención de lanzarlos en el momento preciso junto con sus catafractos contra el centro de las legiones romanas y hacer el mayor daño posible con la carga y deshacer a las legiones con las falanges situadas a derecha e izquierda. El centro estaba apoyado por más catafractos en el centro y una unidad de Argyraspides a su izquierda. El centro de Antíoco era aún más fuerte que el centro romano.
En su flanco derecho dispuso Antíoco a sus arqueros en formación semicerrada en un campo de cultivo y más a la derecha en apoyo de estos colocó a su otra unidad de Argyraspides y la totalidad de sus honderos y jabalineros.
Por su parte colocó en su flanco izquierdo a la caballería escita, caballería ligera y arqueros cretenses.

Catedráticus dio orden de avanzar a sus legiones y dio comienzo la batalla de Magnesia, avanzando ambos ejércitos en todos sus frentes.

La indisciplina de los arqueros en formación semicerrada de los seléucidas hizo que se adelantaran demasiado y se pusieran en peligro. Catedráticus ordenó inmediatamente lanzar a sus auxiliares contra ellos, con apoyo de los catafractos y tropas ligeras.

Por su parte los arqueros lanzaron 3 salvas de flechas contra sus enemigos al mismo tiempo que eran apoyados por disparos de los honderos, pero con escaso resultado, dada la pobre condición de los seléucidas y la armadura de los romanos.
Los romanos se lanzaron a la carga contra los arqueros y comenzaron a hacer estragos en sus filas con sus lanzas y sus gladius, contra los que poco podían oponer los arqueros. En este punto, la suerte se alió con los arqueros, pues la valentía del general romano que dirigía a los auxiliares lo puso en peligro y una flecha seleucida le atravesó la garganta, con gran conmoción de los suyos. En este punto recibieron los auxiliares una carga de flanco por parte de la infantería pesada Seleucida compuesta por los Argyraspides, que no pudieron resistir. El flanco izquierdo romano estaba ya perdido y los posteriores ataques de los catafractos y la caballería ligera fueron también rechazados con grandes pérdidas romanas.

Por su parte, en el otro flanco, las tropas ligeras romanas habrían de encontrarse primero con los arqueros cretenses y luego con la caballería escita, que consiguieron rechazarlos. La caballería ligera romana pudo replegarse de manera ordenada, aunque los arqueros fueron cargados y puestos a la fuga por la caballería.

Así pues, las esperanzas romanas recaían, como muchas otras veces, únicamente en la fortaleza de sus legiones. Legiones veteranas de batallas contra galos, cartagineses e incluso contra otros ejércitos romanos, pero enfrentándose los 5500 romanos a 7000 piqueros y Argyraspides, 1000 catafractos y a los 100 carros escitas que tenían en frente.
En el momento oportuno, Antíoco lanzó a la carga a sus carros contra la legión del centro, y catafractos y una de las falanges contra la legión del ala izquierda. Maniobraban la legión y tropas seleucidas restantes.
Los carros causaron grandes pérdidas en la legión. Hombres cortados por la mitad por las cuchillas de los carros, mutilaciones horrorosas causaron una desorganización momentánea, de la que los legionarios se supieron recuperar.
Las cosas fueron peor para los catafractos, que fueron rechazados, aunque consiguieron retroceder sin peligro. Pero la falange, aguantó la embestida romana con mucho valor, quedando los romanos con bajas y en situación de inferioridad contra las picas.
El general gálata Abraracurcix, que comandaba la falange, fue atravesado por un pilum romano, quedando clavado al suelo. Sin embargo la falange no se vio alterada por este suceso, pues el galo tenía costumbres incivilizadas y no era del agrado de los hombres a su mando, que lucharon aún con mayor disciplina tras el suceso.
El combate continuaba y finalmente las legiones central y de la derecha romanas se decidieron a luchar contra dos falanges de piqueros y contra una unidad de Argyraspides que intentaba flanquearles. La lucha fue encarnizada, pero las embestidas romanas no hacían daño sobre las más numerosas tropas seleucidas.
Las legiones acusaban las bajas recibidas en las cargas de los carros, catafractos y de la lucha con las falanges, pero mantenían su valor y disciplina.

Finalmente, perdida la batalla en todos los frentes, con los romanos a punto de desbandarse y en este punto apareció Antioco III “Borja” y mostrando su más digna condición real, se dirigió a los suyos y les dijo que parasen la carnicería, que la batalla ya estaba ganada.

Se reunió con el general romano Catedráticus y le reconoció su valentía y la de sus legiones, que seguían luchando en perfecta disciplina a pesar de lo desesperado de la lucha.
Le indicó que, pese a su condición de romano y en contra de lo que es habitual en un pueblo incivilizado, había luchado con la nobleza propia de un rey, que había sido digno contendiente de Antíoco y que el emperador les dejaría ir en paz, sin ser molestados. Finalmente le pidió que en Roma contase lo que había visto y supieran los romanos lo que les esperaba.
Los grandes hombres, amigos o incluso enemigos, toman cordialmente y con satisfacción personal decisiones que afectan a la vida y la muerte de los hombres más pequeños, que asisten insensatos al teatro sin conocer el papel que les corresponde.

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Re: RESULTADOS DE LAS GUERRAS DEL MEDITERRANEO

Mensaje por Culebras » Lun May 14, 2012 7:22 pm

Batalla de Pidna, Decimosegundo día de Targelion del año de la XXVIII Olimpíada de Londinium.

Filipo VI "Culebrarca" se encontraba sentado en su sitio preferencial en el teatro de Atenas donde disfrutaba de la obra Edipo Rey de Sofocles. Había acudido a Atenas en calidad de invitado, como sumo protector de todas las ciudades griegas, para las Targelias, las fiestas en honor a la diosa Artemisa. El gobernador de la Meris Atica le agasajaba con viandas y deliciosos vinos sin rebajar. Pero Filipo tenía otras cosas en mente.
En realidad había acudido a la ciudad tributaria para tranquilizar a sus "aliados" griegos. Los rumores de guerra en el este habían llegado hasta el Atica y el sur de Grecia. Los romanos habían desembarcado en Asia Menor y habían dividido sus ejercito. Uno se dirigía hacia el sur a enfrentarse con su dinastía hermana de los seleucidas. El que le preocupaba había cruzado el Propontide y se dirigía hacia Pella en el sur.
Su intención era atacarlo en las llanuras junto al mar en Pidna. Para ello había enviado a su ejercito hacia allí al mando de su cuñado Luisistrato con ordenes de no emprender acciones ofensivas sin su presencia. Mientras el estaría en el sur manteniendo la calma.

Un mensajero interrumpió en el momento que comenzaba la discusión entre Creonte y Edipo. Los actores enmudecieron y todas las cabezas se giraron. Filipo reconoció al hombre como uno de los hetairoi de su Agema. El hombre estaba desfallecido, llevaba cabalgando dos días con dos noches y había reventado tres caballo para traer la noticia: Los romanos acababan de saquear y destruir Anfipolis. El rey tenía que ir al norte.

En la llanuras de Pidna con las montañas a su espalda se encontraba desplegado el ejercito macedonio. En el ala izquierda se encontraban desplegados en una zona de cultivos y viñedos unos 300 jinetes ligeros tesalios junto a 5 centenares de arqueros cretenses y honderos de las montañas. Tras ellos en los campos cultivados para apoyarlos estaban más de un millar de Thuerophoroi tesalios, salvajes e indisciplinados pero duros en el combate.
En el centro se desplegó la falange y los agyraspidas fuertes en 7 millares de hombres con 10 elefantes a cada lado cubriéndoles los flancos. Delante de ellos algo más de 3 centenas y media de jabalineros se dedicarían a hostigar la línea enemiga.
A la derecha de los elefantes en el flanco derecho se desplegó la caballería de los Hetairoi con la Agema en la posición de honor. En total un millar de caballeros. A su derecha medio millar de fieros jinetes escitas cubrían el flanco derecho de la línea.

Enfrente tenían a los romanos al mando del Magister Militium Aurelianio Cayo Toño. A su izquierda veía más de un millar de jinetes armados con arcos. Enfrente de la falange se desplegaron cerca de un millar de jinetes acorazados y unos quince mil legionarios romanos y arqueros. A su derecha incontables soldados bárbaros. Vándalos se hacen llamar. Junto a ellos Varios centenares de jinetes ligeros y un millar de soldados armados más ligeramente que los legionarios.

La batalla comenzó cuando el sol comenzaba a situarse en lo más alto. El polvo empezó a levantarse cuando en el lado izquierdo los arqueros a caballo comenzaron a avanzar por entre los campos cultivados. La línea romana se movió hacia adelante, con sus jinetes acorazados adelantándose impetuosamente. Los macedonios comenzaron a avanzar. En su lado izquierdo se produjo un intercambio de disparos hasta que los jinetes tesalios cargaron contra sus enemigos. Estos huyeron a la cargar pero fueron alcanzados y puestos en fuga. Mientras tanto los honderos no pudieron aguantar la presión de las certeras flecha y corrieron para salvar sus vidas. Por suerte los cretenses fieles a su palabra y su fama no solo aguantaron sino que desordenaron a la caballería enemiga.

En el lado derecho la Agema se dirigió contra los jinetes acorazados seguidos de los elefantes. Los jinetes romanos se lanzaron a la carga contra la masa de polvo que se les echaba encima sin darse cuenta que esta les dirigía hacia los paquidermos. El choque fue terrible, los xystones comenzaron a descabalgar jinetes que eran aplastados sin misericordia por las bestias. Los colmillos de estás hacían estragos en los caballos enemigo. Fue demasiado para ellos que salieron corriendo. Cientos fueron muertos en ese momento. En la persecución los elefantes chocaron contra la linea de los vándalos y se enzarzaban con ellos en duro combates. Mientras el resto de hetairoi daban cuenta en el flanco derecho de sus enemigos, poniendo en fuga a los auxiliares.
Con el flanco izquierdo manteniéndose y en la derecha rompiendo a los romanos, la falange avanzo apoyada por los elefantes entrando en combate contra las legiones y los jinetes pesados que les protegían. El estruendo se escucho en todo el campo de batalla cuando las picas empezaron a penetrar en la formación romana. En combate se iba decidiendo para el lado macedonio. En ese momento los romanos empezaron a disparar sus flechas contra los elefantes, los cuales dieron media vuelta y huyeron sin que sus cuidadores pudieran evitarlo. Produciendose un hueco en el flanco izquierdo de la falange. Lamentablemente para los romanos, este hueco se abrió tarde, pues las legiones de ese lado comenzaron a huir perseguidos por la falange, mientras que en el lado derechos los vándalos perdieron toda su furia y fueron aplastados por los elefantes.
Ya solo aguantaba el centro romano, donde las legiones se negaban a claudicar incluso cuando vieron a la Agema preparándose para cargar en su flanco. Por suerte para ellos se desató una tormenta a ultima hora del día y los romanos pudieron retirarse derrotados ámpliamente pero no destruidos al no poder ser perseguidos.

Esa misma noche llego la noticia de la derrota romana de Magnesia. La suerte había sonreído a la Hélade. Los romanos abandonaban aquellas tierras en menos de la mitad de los barcos que habían necesitado para cruzar el mar. Ahora era la hora que la Magna Grecia volviera a manos de sus legítimos dueños.
Todo español bien nacido debe mear siempre en direccion a Inglaterra

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Borja
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Re: RESULTADOS DE LAS GUERRAS DEL MEDITERRANEO

Mensaje por Borja » Jue May 31, 2012 7:47 pm

El asedio de Siracusa
Tras su victoria en Magnesia, Antíoco III ”Borja” decidió pasar a la ofensiva. Roma se encontraba en mitad de una guerra civil y seguía amenazada por galos, púnicos y griegos.
Al mismo tiempo, Macedonia se encontraba sofocando una revuelta que había comenzado en Esparta y se expandía por todo el Peloponeso.
Por otro lado, Dolfinión, general romano rebelde al César que dominaba Sicilia y Brutium se encontraba descansando con sus tropas lejos de Sicilia, en Tarento, para recuperarse de las heridas sufridas en la batalla que le enfrentó con las tropas imperiales de Catedráticus.
Estos motivos llevaron a Antíoco a arrebatar a Roma la isla de Sicilia y recuperarla para la Magna Grecia. Dados los orígenes espartanos de Siracusa, la toma de la ciudad podría ser incluso tomada por Filipo Culebrarca como una importante ayuda de un aliado para conseguir aplacar los ánimos de los rebeldes griegos. Luego, con el tiempo y una vez consolidado nuestra presencia en la isla, Antíoco esperaba que mantener el control de la misma, conquistada a sangre y fuego por los seléucidas, no se tomara como una afrenta por parte de Filipo Culebrarca.
De este modo esperaba Antíoco dominar no sólo Asia y Mesopotamia sino también controlar el Mediterráneo Occidental y captar recursos que le permitieran dominar completamente el mundo conocido y superar incluso las gestas del gran Alejandro.
Había oído hablar también de los excepcionales conocimientos matemáticos de Arquímedes de Siracusa y esperaba poder capturarlo con vida y hacerlo unirse a su séquito, por si alguno de sus inventos pudiera serle de ayuda en el campo de batalla.
Así, partió Antíoco con más de 12.000 hombres veteranos de Magnesia, en más de 200 penteras rumbo a Siracusa. Sus hombres desembarcaron sin oposición a una jornada del puerto y desembarcaron en formación al son de las flautas que marcaban el paso y cantando bellas canciones dedicadas a Zeus y los demás dioses del Olimpo. Nunca tuvo un ejército la moral más alta que el ejército de Antíoco. Al día siguiente se aproximaron a Siracusa, solicitaron la rendición de la plaza y ante la respuesta negativa de la guarnición romana, la pusieron asedio.
Tan pronto como Dolfinión conoció las negras noticias, puso en marcha a su ejército a la mayor rapidez posible para hacer frente a Antíoco, derrotarlo y liberar a Siracusa. Necesitaba una victoria rápida en el Sur que le permitiera defenderse de la amenaza de las tropas del César de Roma antes de verse rodeado por ambos. Su ejército contaba con 3 legiones veteranas completas más tropas auxiliares y un total de más de 10.000 hombres.
La urgencia de su partida y la reciente derrota romana en Magnesia preocupaban a Dolfinión por lo incierto del resultado de la próxima batalla. Su ejército también era conocedor de los acontecimientos recientes y comenzaban a surgir las dudas entre sus propios generales.
Antíoco esperó la llegada de Dolfinión, pues sabía que, una vez derrotado le sería más fácil tomar Siracusa, e incluso quizás podría encontrar ayuda por parte de saboteadores de la propia ciudad, incluso del propio Arquímedes.
Al día siguiente a su llegada a Siracusa, Dolfinión desplegó su ejército en formación de batalla. Las 3 legiones se situaron junto a la cabellería armada con xystones en una pequeña llanura que se encontraba rodeada por terreno más complicado a derecha e izquierda.
En su flanco derecho desplegó una gran potencia de fuego de proyectiles con dos unidades de arqueros auxiliares, honderos, équites sagitarios y otras tropas de combate auxiliares. En el flanco contrario desplegó caballería, escaramuceadores armados con arco y tropas de combate auxiliares.
Antíoco aceptó el reto y desplegó su ejército para el combate.
Frente a las legiones desplegó a sus falanges de picas cubiertas por peltastas, con carros falcados intercalados y apoyados en su retaguardia por catafractos y por una falange en reserva.
Contra el flanco más débil de los romanos desplegó a su caballería, su Agema, sus jinetes ligeros, sus arqueros, los cretenses e incluso a los Argyráspides.
De este modo conseguía un doble objetivo, amenazar muy directamente al flanco más débil romano con sus mejores tropas y amenazar el avance de sus legiones por ataques laterales. En su centro esperaba poder contener a las legiones con las picas y frenar su avance con los carros.
Al ver el despliegue Seléucida, creció la preocupación de Dolfinión, que se vio seriamente amenazado y con la necesidad de modificar su despliegue. Por este motivo, pensó en avanzar su centro con idea de enviar a su mejor caballería en apoyo de su flanco izquierdo e intentar un ataque inesperado de flanco sobre los catafractos enemigos que frenase su avance.
Pero en su avance se encontraron por casi un millar de arqueros en formación, que enviaron salvas ordenadas e hicieron descabalgar a gran cantidad de jinetes. La cadencia y efectividad de sus disparos hicieron a la unidad disolverse por completo en mitad de su avance por las bajas sufridas.
Una vez abatida la caballería, pudieron los Argyráspides amenazar libremente el centro romano desde el lateral.
En el otro flanco, se enfrascaron los équites sagitarios en combate de disparo con los peltastas y los honderos intentaron frenar a los carros.
En este momento, al verse las 3 legiones amenazadas por gran cantidad de unidades enemigas en todas direcciones, se vieron obligadas a extender su línea de batalla.
Fue en ese preciso momento que Antíoco dio orden de lanzar a sus carros contra su formación. El ruido producido por los 100 carros falcados lanzados contra ellos hacía temblar a los más veteranos. Los centuriones se esforzaron por mantener las líneas. Inmediatamente antes de la llegada de los carros a la formación romana, el centurión primus pilus consiguió formar su manipulo en rombo en formación más cerrada de lo normal, de manera que los hombres crearan un muro contra el que los carros se estrellasen. Como no podía ser de otra manera, él se colocó el primero en el vértice que se enfrentaba a los carros.
El choque fue brutal y el primus pilus acabó descuartizado, pero su valentía tuvo recompensa y a pesar de sufrir más de 500 bajas y quedar desorganizada la legión, se aguantó el asalto, aunque no fue capaz de ser de más utilidad en el resto de la batalla.
La batalla se decidió completamente gracias al ardid de Antíoco, que había escondido a una unidad de catafractos escondida en reserva tras los peltastas y las picas. En el momento en que los équites sagitarios comenzaban a unir sus fuerzas al resto de arqueros auxiliares frente a los peltastas y éstos se veían en mala situación, decidió Antíoco retirarlos tras sus líneas.
Justo entonces descubrieron los romanos con gran terror la trampa, puesto que los sagitarios se encontraban justo en frente de catafractos pesados y rodeados de tropas amigas que no les permitían la huída. La suerte se alió con Antíoco que realizó su carga justo en el momento en que los auxiliares que apoyaban a los sagitarios se encontraban cambiando de formación.
El suelo tembló por la imparable carrera de los pesados catafractos. Cayeron ante sus lanzas los sagitarios, los auxiliares y los arqueros.
El resto de la línea romana se encontraba asimismo en inferioridad y finalmente el ejército romano no pudo sostener la batalla y tuvo que replegarse con grandísimas bajas a las murallas de la ciudad de Siracusa y así salvar sus vidas los que pudieran. Entre sus pérdidas más nobles, Dolfinión perdió a sus dos legatus legionis, salvando su propia vida con grandes apuros.
La tragedia fue mayor a la mañana siguiente. Arquímedes y varios Siracusanos habían conseguido mover las aguas cercanas al puerto coincidiendo con la marea baja, abriéndose un estrecho pasillo por el que las tropas de Antíoco pudieron rebasar la muralla y entrar en la ciudad.
Dolfinión pudo escapar en pocos quinquerremes con sus hombres más cercanos de vuelta a Tarento. Antíoco no se esforzó en perseguirlo, al serle de utilidad para su estrategia el mantener con vida a otro enemigo del César y de quién sabe otros enemigos.
No creía Antíoco que Dolfinión quisiera enfrentarse a sus tropas en otra ocasión y Antíoco ya se encontraba pensando en sus siguientes movimientos, que le llevarían a avanzar en su plan para dominar todo el mundo conocido.
Mientras sus hombres disfrutaban del saqueo de la rica Siracusa y del ultraje de sus más bellas mujeres, Antíoco disfrutaba de una plácida cena con Arquímedes y el resto de su séquito. Esa noche descubrió por el propio Arquímedes el principio que había facilitado la conquista.
Los grandes hombres, amigos o incluso enemigos, toman cordialmente y con satisfacción personal decisiones que afectan a la vida y la muerte de los hombres más pequeños, que asisten insensatos al teatro sin conocer el papel que les corresponde.

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La batalla de Lago Leganesis

Mensaje por espliego » Lun Jun 18, 2012 1:34 pm

La batalla de Lago Leganesis

Salve Imperator

El tribuno Agricola Espliegus Segotianum tiene el honor de informar sobre una nueva victoria para la eterna Roma.

Dos días después de las Calendas de Iunius del año 2765 ab urbe condita cuando rondaba la hora tercia, encontramos el ejercito Cartaginés que había invadido Italia, al mando del odiado Ramon-Bal.

Las tropas del enemigo estaban compuestas por:
. 3000 lanceros veteranos africanos
. 2000 iberos
. 1000 renegados latinos
. 10 elefantes
. 750 jinetes de caballeria gala
. 500 jinetes de caballería cartaginesa
. 900 jinetes númidas
. 900 javalineros númidas
. 450 honderos baleares

Por nuestra parte el ejercito consular a mi mando estaba compuesto:
. 3 Cohortes de la Legio VI Aulae con 1500 veteranos
. 3 Cohortes de la Legio IV Victrix con 1500 veteranos
. 4 Cohortes de la Legio VII Gemina con 2000 veteranos
. 1500 tropas Auxiliares del Limes norte
. 2000 arqueros Auxiliares del Limes norte
. 600 equites sagitarii
. 500 equites contariii
. 500 catafractos de la nueva ala de caballeria de Nimes
. 300 mercenarios alanos

La batalla tuvo lugar junto al lago Lagonesis, sobre los campos de cultivo del norte.

Mi ejercito desplegó junto al lago que le cubría el flanco izquierdo mientras que en nuestro flanco derecho había unos campos de cultivo que fueron ocupados por nuestros arqueros. Mas allá del lago desplegué la caballería ligera con el objetivo de retrasar al enemigo. Detrás de los campos de cultivo desplegó el resto de nuestra caballería pesada.

El enemigo desplegó toda su infantería pesada, los temidos lanceros africanos en el centro. Su caballería quedó desplegada en nuestro flanco derecho, mientras que el flanco izquierdo quedo protegido por las tropas íberas. Por delante de sus tropas una nube de hostigadores armados con hondas y javalinas buscaban diezmar nuestras tropas.

Flanco izquierdo romano: El legado Plautus apenas veía el resto del ejercito desplegado al otro lado del lago. Frente a sus arqueros a caballo a unos 1000 metros de distancia se encontraba un grupo de numidas a pie que se acercaba con sus javalinas. Por detras de ellos los Iberos se acercaban con sus falcatas. Sus ordenes erán simplemente retrasar el avance enemigo en ese flanco. Pero en ese momento vio como los numidas estaban demasiado lejos de la infantería Ibera y en campo abierto. Ciñendose el casco y mirando fijamente a sus hombres dió la orden. Cargad sobre ellos es nuestra oportunidad!

Flanco derecho romano: Elefantes. Marco Tulio, al mando de la caballería había entendido bien que su flanco debía vencer a la caballería cartaginesa si querían detener a los invasores. Pero, que hacer con los elefantes. Ordenó a su caballería que avanzará hasta sobrepasar los campos de cultivo y se deplegará frente al enemigo, mientras los mercenarios alanos empezaban a hostigar a la caballería númida haciendola retroceder. Elefantes, su mente volvía sobre el tema principal.

Centro romano: Las tres legiones romanas avanzaban sobre una lluvia de piedras. Lo peor venía detrás, los temidos lanceros africanos. Mientras tras los legionarios empezaron a desplegar las tropas axiliares junto al lago tras una marcha rápida desde detrás de los campos de cultivo. Subid los escudos! Ya llegará nuestro momento.

Flanco izquierdo romano: El polvo de la llanura se metía en el alma de los jinetes que con el arco guardado y la espada sobre sus cabezas se lanzaba sobre los javalineros africanos. Huyen, por todos los dioses, nos les dejeis llegar hasta los iberos darles caza! grito Plautus. Y así fue. Los Sagitarii con el arco en la grupa de sus caballos alcanzaron a los Numidas por la espalda, cubriendo de cuerpos la llanura, mientras los iberos nada podían hacer por sus aliados.

Flanco Derecho romano: Abrid fuego sobre ellos! Grito Marco Tulio. La caballería se hizo a los lado mientras los arqueros se pusieron frente a los Elefantes. Una lluvia de flechas empezó a caer sobre los paquidermos africanos que se lanzaron hacía ellos enfurecidos. En ese momento los catafractos pesados sobrepasaron a los elefantes por su derecha mientras se dirigían a la caballería africana. La suerte estaba decidida y no era buen día para ser arquero. Al menos la caballería estaba a salvo. Los catafractos cargaron sobre la caballería africana produciendo numerosas bajas.

Centro Romano: Los lanceros seguían avanzando mientras la caballería continuaba combatiendo. Tenemos que apoyar a nuestra caballería - gritó espliegus. Que avance la sexta por la derecha mientras las otras dos legiones permanecen junto al lago. Evitad los lanceros a vuestra derecha contra la caballería....... Y así fue el resto de la caballería carteginesa vio como una de las legiones apoyada por la caballería romana cargaban contra ellos. Tenemos que huir no vamos a poder contra todos grito Ramon-Bal, pero ya era demasiado tarde y apretando el casco entró en combate junto con su caballería. Demasiado lejos, los lanceros estan demasiado lejos, pensó mientras las primeras pilas caían a su alrededor.

Flanco izquierdo romano: La caballería ligera había hecho su papel. Solo quedaba esperar al resto. Plauto dio las ordenes, Marco toma 200 jinetes y ve hacía su campamento veremos si sacamos algo de esto. El resto seguidme vamos a intentar llevarnos alguno de esos Iberos.

Flanco derecho romano: La caballería cartaginesa estaba en problemas. Los catafractos estaban destrozando a sus adversarios que peor acorazados y si los hados de su parte empezaban a perder terreno. Sin embargo los elefantes tras su carrera habían llegado hasta los arqueros que aunque intentaban apartarse no podían acabar con ellos. Los cuerpos destrozados se amontonaban en el campo. En ese momento llego Marco con el caballo lleno de sangre y bajando del mismo grito a los aqueros. Apuntad a los guias, no a los elefantes, si guias no podrán seguir combatiendo. Y así fue los arqueros apuntaron a lo numidas que estaban sobre los elefantes. Muertos estos los animales empezaron a dar vueltas sobre si mismos, y heridos y asustados empezaron una loca huida hacia la zona cartaginesa. El flanco estaba despejado, y los arqueros romanos habían superado una dura prueba.

Centro romano: La batalla aun no estaba ganada y el centro cartaginés aun resistía. La infantería enemiga estaba a apenas 200 metros con sus lanzas afiladas. Junto al lago la VII aguantaba bien los disparos enemigos. Pero el problema estaba en el flanco derecho. En ese momento Espliegus se pone delante de sus tropas y da la orden. Cargad sobre ellos por Jupiter tenemos que aguantar hasta que llegue la caballería - grito Espliegus. La legión IV carga sobre los lanceros iniciando un feroz combate contra los veteranos africanos. Los veteranos parecían no ceder nunca y tras una hora combatiendo las cosas seguian igualadas. Los hombres estaban al límite cuando sin previo aviso los lanceros enemigos empezaron a mirar por encima de su hombro. Allí esta Marco con sus jinetes que llegaba por la espalda enemiga, la victoría era romana.

Una gran victoria para roma y para el emperador que detiene el avance cartagines sobre la ciudad eterna.

Vae Victis!
Espliego

"Todos los hombres pueden caer en un error; pero sólo los necios perseveran en él."

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